Según la física clásica, formamos parte del mecanismo del universo; no hay azar, somos parte de un sistema donde cada partícula tiene una trayectoria definida, fijada en nuestra cualidad de seres cósmicos. De esta manera, las partículas que nos conforman están predestinadas, por lo cual, toda nuestra existencia también lo está.

Lo que no tiene en cuenta la física clásica es que hay algo llamado caos, donde el binomio causa-efecto no funciona en condiciones perfectas, es decir, pese a que haya condiciones particulares para cada sistema, hay trayectorias que están y no están ahí.
Los sistemas caóticos, que además son del todo sensibles, nos hacen preguntarnos, ¿es posible afirmar que existe un destino asegurado?
La respuesta más acertada a este planteamiento es el «no destino cuántico».
Las leyes cuánticas son las leyes más profundas de la realidad, aquellas que destruyen a nivel fundamental lo que en la tradición griega era conocido como hado o destino: una fuerza desconocida que obraba sobre los dioses, los hombres y los sucesos de manera fatal, necesaria e inevitable. El sustento de la cuántica reposa en la aleatoriedad de esta fuerza, y por ende en la probabilidad de varias trayectorias.
Si nos dispusiéramos a reconstruir el camino que recorrió un átomo a través del tiempo-espacio, nos encontraríamos con varias trayectorias simultáneas, colocadas a su vez en un orden azaroso, que quizás no converjan en ningún punto.
Sin embargo, en el mundo de los objetos macroscópicos, existen probabilidades de que un sistema físico recorra una trayectoria en lugar de otra, debido al principio de decoherencia, en el que bajo ciertas condiciones específicas, la trayectoria de un sistema de partículas privilegia uno de los caminos por sobre otro, en un 99.99999% —mas no en un 100%—, es decir, en el mundo de los objetos visibles, el destino existe.
Ante la realidad antes descrita, tenemos el mundo microscópico, infinitamente superior a lo que capta nuestra retina, es el universo mismo, y el universo es rebelde, pues por muchas variables que se conozcan, nunca será posible pronosticar con total exactitud la trayectoria de un átomo y, por consecuencia, el futuro del mismo.
De esta manera, los cimientos del universo se basan en la probabilidad, pues todas las partículas se comportan de manera cuántica, es un crisol de sistemas caóticos que desafían el destino y el libre albedrío a la vez, lo que nos hace seres cuánticos, con un destino probable, y no, ya que nunca podremos asegurar con exactitud que mañana llegaremos sin contratiempos a casa.
Fuentes de consulta:
1. Javier Santaolalla [Dateunblog], 21 de noviembre de 2018, “Hoy sí que vas a entender la mecánica cuántica”, en https://www.youtube.com/watch?v=7-TuaLHCZfM&list=PLDahyXe57qyyUqJee16D1ukeYltrjCLxy&index=32&t=0s
2. Real Academia Española, diciembre de 2019, “Hado” en https://dle.rae.es/hado#8fvqtKF
3. Wikipedia, 22 de octubre de 2019, “Decoherencia cuántica” en https://es.wikipedia.org/wiki/Decoherencia_cu%C3%A1ntica
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