Publico una carta que data de un 29 de julio, fecha en que puse el último punto, aunque me recuerdo redactando la mayor parte de sus líneas en el aula 2 de la preparatoria donde trabajo, luego de que los alumnos se retiraran a sus casas.
La carta está dirigida a una persona muy amada para mí, y que ya no se encuentra conmigo, aunque aun camina por este mundo en busca de un sentido, tal como lo hago yo. La publico por dos razones: la primera es que me parece que posee algunos recursos retóricos que hoy valoro desde un punto de vista literario; la segunda, y no menos importante: me recordará siempre que puedo amar y soltar, con locura y con responsabilidad, justo en el punto medio.
Es importante decir que el 29 de julio es su cumpleaños.
A continuación la carta:
En espera de que este escrito te encuentre mejor de lo que regularmente estás, te obsequio las siguientes palabras:
Ya debes saber que me ha dado tanto gusto encontrarte por ahí, un día que parecía cualquiera, de la forma más posmoderna que existe hoy en día; con todo y la tecnología como intermediaria; con todo y la distancia como principal vía de contacto; con todo y nuestras vidas articuladas en el lado opuesto del camino; con todo y tus ganas de hacerme el amor y las mías de deshacerte el desamor.
Debo escribirlo ahora: el día que te conocí la fortuna me sonrió, ahora lo sé.
Y es que quiero hablarte de mí y de ti.
Te diré que el amor y yo nunca nos habíamos sentado a dialogar. Ese que inspiró a poetas y rapsodas a escribir versos que van de lo sublime a lo terrible; ese amor bastisímo que siempre había querido conocer.
Pese a que, desde el día que tomé conciencia, siempre he estado enamorada del todo y de la nada, el amor no se me había presentado en forma de llama doble. Así que, permanecía intacto, alimentándose de la vida misma. Sin embargo, no pocas veces me había sentido como Israel Miranda, con la sensación de llegar siempre tarde a todas partes, «principalmente al amor»:
Toda la vida he tenido la impresión
de que me he olvidado de algo,
que me he perdido de algo,
que carezco de algo que los demás sí tienen.
Tal vez por eso ando con el humor desvencijado
y con esta maldita sensación
de estar siempre llegando tarde a todo,
principalmente al amor.
Tal vez por eso aprendí a estar solo,
a comer y beber solo.
Me acostumbré a vivir con la angustia
de las horas desperdiciadas
atorada en mi costado.
Me acostumbré al silencio.
Hoy, no obstante, siento que no me he extraviado, y estoy llegando a un lugar donde acaso es posible conocer ese sentimiento que permea flameante en las relaciones humanas. Ese lugar eres tú.
Solo quiero entrar en tu vida como se penetra por primera vez en el mundo: sin velos, sin precauciones, sin excepciones, sin falsos argumentos, sin muros, sin condiciones, con el corazón de frente y todos los temores del mundo.
Sé bien que el conocimiento que tengo acerca de ti es tan minúsculo e insignificante. Toda una vida a veces no alcanza para tocar, sentir, conocer, memorizar y paliar las heridas y fisuras que se van formando en el corazón de un hombre. Respecto de tu persona, no eres menos que una marea de enigmas que se extienden desde el Atlántico hasta el inmejorable Sinus Iridum.
Pero la intuición y la esperanza siempre han guiado el corazón humano. Y yo me guío hacia ti de la misma manera. De qué otra forma se acerca una persona a otra sino por una percepción global que va construyendo únicamente a base de palabras, de acciones y de miradas.
En relación con nosotros, en un comienzo nuestra percepción e interés estaban basados en el placer, en el bendito y estigmatizado placer. Sigue existiendo tal interés, pero creo que se han anexado otros más; quizás con mayor profundidad o sensatez, tal vez menos inmediatos y efímeros.
Luego, ¿por qué comencé a quererte y a interesarme en tu bienestar? A partir de lo que me has mostrado, tengo la sospecha no tan ligera de que aun tienes corazón. Tus palabras, tus movimientos y tus ojos me han murmurado que no lo has extraviado, y que éste aún cree, ¿en qué? Esa es la pregunta. Y sé que hay una respuesta, o algún día la habrá. La quiero conocer.
Por otro lado, te diré que en la vida yo prefiero la sustancia, y mis acciones, anhelos y planes se dirigen siempre bajo el mismo tenor. Estoy harta del vacío, de las relaciones líquidas, de caminar entre zombies y a veces convertirme en uno, de no poder desplegar mi libertad y hacer del mundo un lugar más amable y certero.
Entonces, también te quiero porque despiertas mi mente y mis sentidos. Y porque aspiro despertar los tuyos día a día.
No tengo nada que perder contigo, pero sí mucho que ofrecer y conocer. Si lo deseas, puedes contarme algunos sueños que ya no pudieron ser o los temores que no se han alejado, de las ansias que aun tienes por seguir subiendo la roca a la cima, como lo hizo Sísifo tras ser condenado por los dioses.
Te adoro tanto como para mirar por tiempo indefinido esas pequitas que tienes debajo de los ojos y saborear la miel que emana de tu cuello, para contemplar tus gestos de triunfo y derrota, para verte reír y verte llorar, para admirarte más cada día y escapar contigo a cualquier parte, para enloquecer con tus ideas y saborearte cada día al despertar. Para tomar tu mano cuando se te apaguen las luces.
Desde hace días, además, espero que una chispa, como la que generó el Big Bang, llegue hasta ti nuevamente, explote en ti, arda en ti.
También me has contado que no es tu momento, pero un maestro me dijo que hay una crisis, hito o paradigma específico en nuestra vida, que no hace sino provocar que caminemos distinto sobre este mundo, ya no con las mismas ganas, ya no con los mismos miedos. Y eso es lo que quiero para ti, es lo que más anhelo para ti, que renueves tus quimeras. Lo pueda presenciar o no. Pueda ser partícipe de ello, o no.
Te exigiría que confiaras en lo te digo, pero eso no se pide. Sin embargo, te escribo todo esto con la seriedad de un filósofo. Y con la certeza de que no tenemos a nadie más sino a nosotros y a algo más superior viendo cómo nuestro ser se pierde, se encuentra, se come, se muerde, se despedaza, se queda sin aliento, se acostumbra a vivir.
Sé que no podemos evadir la realidad inmediata, la cotidianidad, la monotonía de los días que ya no distinguen entre un lunes o un jueves, sé que no podemos evadir la miseria humana; sé que la sociedad se ha conducido como ha podido y, siendo un caballo desbocado, en algún momento caerá del precipicio. Pero a veces quiero creer, me obligo a creer, en todo esto, en la vida.
En fin, solo quiero que sepas que puedes comenzar a contar conmigo, que deseo fervientemente ver cómo tu corazón comienza a tranquilizarse. Que estoy lista para empezar a amarte, a mi manera, porque no podría de otra; pero mi manera tiene mucha humanidad, pasión, locura y sosiego.
Y que me alegra que hayas nacido un 29 de julio. Me alegra sobremanera que estés vivo. Me encorazona pensar que puedo hacerte feliz. Me hace pensar que las cosas pueden marchar bien después de todo. A pesar de todo.
No obstante, no tienes ninguna obligación hacia mi persona. No me debes nada, no te pido nada, ni siquiera la lealtad. No eres responsable de nada de lo que crea, piense, necesite o desee. Aunque, a decir verdad, estaría agradecida y feliz de verte actuar con total honestidad y libertad para contigo. Sé honesto, sé sensato, y elige el camino más idóneo para tu concepción de vida. Si un día decides renunciar a lo que te ofrezco, puedes irte, y con todas las razones que puedas juntar para hacerlo. Puedes ahora mismo dar la media vuelta y seguir siendo solo tú, como el ave fénix dibujado en tu espalda, con las cenizas que anuncian desde ya la erupción de un paralelo al Etna. Será irremediable, lo sé. Y lo acepto.
No haré de este escrito una biblia, así que agregaré solo dos palabras más que me han venido a la cabeza en medio de mi cotidianidad, pensando en ti, en tu presencia, en tu ausencia y en la fija idea de que contigo quiero menos palabras y más acción:
Te amo
29 de julio de 2018
Lili
«Consejo de cumpleaños: NO TE MUERAS»
Hoy ya está lejos, y me alegra y divierte imaginarlo haciendo todo lo que siempre quiso hacer.
Dejar un comentario