Perro errante

Escrituras de paso en un mundo inestable


Tesis

Las que escribimos para obtener un título universitario. No maestría, no doctorado. Me refiero única y exclusivamente a ese libro que se redactan con el duro tecleo que representa la certeza de estar a punto de terminar algo importante. Tan importante como los días en que nuestro cerebro fue lo último que se apagó, y ahí supimos el significado del destino, cuya fecha de caducidad es ineludible. 

Por supuesto que hay períodos mucho más triunfales, pero los desvelos que se forman debajo de nuestros ojos a causa de una sentencia que no sabemos cómo defender, tienen un sabor a metal. Los velos nocturnos saben a lo que debe saber la voluntad: a un arma con filo.

Escribir desde el presente sobre lo que parecieran haber sido las noches de Getsemaní es reconfortante, pero lo es aún más hablar de la materialidad de la cordura que nos mantuvo en pie, en ese texto cuyos agradecimientos importan a veces más que la teoría.

Las tesis tienen mucho de nosotros, más de lo que quisiéramos. Y ni siquiera de aquello que somos precisamente en ese momento, sino de la intención de ser por primera vez a través de la palabra, por lo menos para quien desea ganarse a sí mismo. 

Esta tarde, revisando algunas tesis de licenciatura de algunos colegas míos, pude ver cómo aquello que los hermana con el resto de los mortales, es precisamente lo que genera un abismo entre una tesis y otra. La misma estructura del índice, dibuja en un solo trazo la forma en la que sus pasos van dejando huellas en la acera: unos pisan las líneas, otros ni siquiera son conscientes de ellas. 

Algunas personas delimitan lo que son en un solo párrafo, para otras resulta imposible colocar fronteras en sus estructuras mentales, y mediante ciertos estratagemas, logran burlar el requisito de tener una única solución para un único problema. 

Y es que no se trata de convencer al otro, sino se convencerse a uno mismo de que es capaz de defender sus ideas, de engendrar un hijo que tendrá el mismo lunar y el mismo número de pecas. 

Seguiré, pues, leyendo estos textos que sin duda son el diario íntimo de una persona que está cruzando sus propias fronteras, las que uno mismo construye de madera o de hierro, según sea lo que buscamos defender. 



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