Perro errante

Escrituras de paso en un mundo inestable


Fracaso

Fracasamos de muchas maneras, a veces todo el tiempo, en ocasiones a propósito, las más de las veces sin buscarlo. De repente naufragan los esfuerzos y puestos de cara a la realidad, derrotamos nuestras ganas.

El fracaso deriva de una buena intención para con nosotros; una intención loable, honorable, resoluta, briosa. Momentos en que nuestro espíritu tiene ganas de ser sustancia, principio, fuerza vital. No se fracasa en la inmovilidad, sino en el constante vaivén de nuestra voluntad. El fracaso se alimenta del balanceo trunco que atormenta nuestra fe, cuando un golpe seco pone al descubierto nuestra imposibilidad de seguir una trayectoria siempre recta.

Ocurre que la expulsión del paraíso nos arrojó al reino de la espera. De esta manera, la esperanza nos atraviesa desde el primer día en que nacimos. Aprendemos a asirnos antes de lo que aprendemos a soltar, nuestra naturaleza nos grita que la cuestión es «hacerlo una vez más». Quizás el resultado sea distinto. Evitar el fracaso no es una opción. El viaje a la semilla es el mito ancestral siempre eludido. Imposible retornar a la germinación de expectativas, tal acto no hará sino develar un fracaso aún mayor, pues la esperanza está supeditada más a la muerte que a la vida. Sabido es que forjamos la ilusión sobre la cuerda que sostiene nuestro sepulcro.

Hay quienes ven en una serie de derrotas un camino certero a la victoria. Falso. El fracaso es la caída de la roca, el rompimiento del alma, el silencio antes de tiempo. Y, sin embargo, hay un resquicio para quedarse, para rehacerse, la algarabía todavía es tangible.

Y es que el fracaso representa el gran portazo a la habitación falsa, el fin de expectativas que han nacido muertas. Mientras yacen inertes, una muerte óntica nos arroja sin rumbo por las fauces de la vida misma. No hay un subir nuevamente, sino, el sueño eterno de esa cuestión que nos llevó al fracaso. Es entonces cuando nos liberamos por fin de esa elección (el costo de la libertad es la aceptación de aquello que dejamos por aquello que tomamos).

Importante lo que ocurre luego del fracaso. Inmaterial y discontinuo, la misma voluntad nos impulsa a seguir cayendo hacia donde la gravedad de la inocencia nos obligue a reposar.



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