Perro errante

Escrituras de paso en un mundo inestable


Amigos

El mundo de mi perro y el mío son tan distintos.

Por la mañana el sol cabe en toda su pupila, se dilata el corazón y el pelo es una muchedumbre que escucha atenta su paso por el mundo. En cambio yo sospecho de la hora y de la luz, mis latidos torpes me llevan del otro lado de mi voz.

El mundo de mi perro y el mío son el mismo.

Nos dejamos caer en la tarde, acurrucados en las aves que juegan antes de dormir. La respiración conmueve nuestra calma, escuchar que nos pasa un río de sangre nos acerca a la noche, a esa sombra que ya no nos asusta.

A media noche, el mundo de mi perro y el mío miran en la misma dirección.

El sueño repara lo que todavía no se pierde, el suave movimiento que resiste la inercia, el eco, la espera.



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