Perro errante

Escrituras de paso en un mundo inestable


Toda una vida

Subimos la colina
antes del anochecer,
la espesura del sol
marcó el final del viaje.

Justo ahí
te encontré y me encontraste,
por encima de la ropa
y por debajo del silencio,
donde el tiempo
y el hambre
se debatían los deseos
y nos espiaba
la calandria
con su manifiesto canto
de cortejo:
el amor ocupa a veces
tan solo un rincón
para anidar.

Ni de lo que me sobraba
ni de lo que te faltaba,
fue desde los pasitos
del pájaro escondido
que te pedí
que te quedaras.


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