![6tag_240917-115912[1]](https://perroerrante.blog/wp-content/uploads/2017/10/6tag_240917-1159121.jpg?w=819&h=1024)
… el camino largo, el sol de mediodía, el puente, el cansancio, la calle, el edificio azul, las nubes sin espesor, el cielo ridículamente azul, los pies pesados, las terribles sonrisas, el caminar desganado. Tú. Mis expectativas. Caminar. Cantar. Seguir caminando. Seguir con la misma ansiedad de un diciembre que se termina. Sudar. Tener prisa y nerviosismo. Se me olvidó algo, mejor regreso, mejor no sigo. Recuerdos de hace un año. Añorarte. Seguir hasta tu casa sin llegar a ella. El camino es demasiado largo. Lejos está tu habitación, mis manos no te alcanzan ya. De pronto aquella noche me sobrepasa y me mata en medio del camino, justo debajo del sol. Y ya está anocheciendo. Ahí está, es el edificio azul. Camino apresuradamente. Ladeo la cabeza en reconocimiento de lo que estoy a punto de hacer. Llego. Recuerdo que tú eres azul. Ojalá que no estés. Sí estás. Sales y tus ojos buscan la luna. ¿Me acompañas? Necesito comprar unos libros. Tú. No puedo, ve con alguien más. Tú. Malditos libros. La puerta se cierra, otra vez, como cuando te conocí. Me doy la vuelta y sigo mi camino. Me invaden las ganas de ya no querer regresar a ningún lugar. Necesito salirme de este ruin camino. Regreso y llego a casa. Gritos. Lágrimas. Niño Jaime. Si quieres yo te acompaño por los libros que necesitas. No necesitaba comprar libros. Él no quiso. No quisiste.
Desde hace tiempo ya.
Camino otra vez. Bajo el mismo puente. Llego a tu puerta y paso de largo. Tú. Alguna vez estuviste. Ya no estás. Recuerdos. Nervios. Clase de filosofía. Preguntas. ¿Cómo te llamas? Me gustan tus manos y tu cabello. Me gustan los cínicos. Me gustas. Saboreas un helado frente a mí. ¿Quieres venir? Sí quiero. Bar. Platicar, reír, observar, admirar, sospechar, escuchar, vigilar, alentar, enmudecer. Vamos afuera. Vamos. Vives en un edificio azul, junto a un camino estrecho. Gasolinera, acera, casas habitacionales, tienda de autoservicio, callejón, lote baldío, restaurante, condominios, puente. Platicar. Sonreír. Pensar. Extrañar. Embelesar. Discutir. Convencer. Ya casi llegamos. Luces nocturnas, autos y frío. En aquella esquina, bajo la luz de un faro, comprender el significado de poesía y de arte. Enamorarse. Tu sonrisa azul. Mi sonrisa amarilla. Whiskey. Sonrisas verdes. Cuentos. Historias tuyas. Historias mías. Felicidad. Reír de todo y de nada. Los lentes, la computadora, el sillón viejo, la cama hecha, los trastos sucios, el closet entreabierto, una llave tirada, el piso limpio, la mesa blanca, los focos parpadeantes, los dientes blancos, el saco negro, la camisa desabotonada, el pelo castaño y desaliñado, los ojos negros, la nariz suave, las manos adornadas, las palabras que sobresaltan. Dormir y estrellarnos en los sueños. Despertar y sentirse enamorados.
Las horas, los días, las semanas, los meses. Nuestros labios en la recámara hasta el amanecer, moviendo la cabeza alejados de la armonía de un péndulo. Cerramos los ojos ante la felicidad que se nos venía. Pensamos que la vida nunca había sido mejor. Tú y yo, permanecemos siempre bajo la luz del faro; bajo las miradas y las sospechas, mientras llueve en todos los desiertos a la vez que los transeúntes miran a dos bajo el faro, en medio de la acera, en medio de la ciudad, en medio del país, en medio del planeta, en medio de todas las canciones que se han compuesto bajo la luz de una esperanza.
Despertar. Despertar de soñar. Despertar ya. La calle se ha terminado y no sé por qué he regresado hoy, justo a medio día. Deseos. Desesperación. Anhelo. Ensueño. Tú. Debo regresar y volver a transitar el mismo camino hasta aprender. El cansancio, la desilusión, los helados, el amor, las canciones, el camino, el puente, el vino con queso, el edificio azul, la acera, el faro, la clase de filosofía. Tú. Aún te sigo, ya no estás. Nunca estás. Dentro de un año no estarás. Ha pasado un año. ¿Ser amigos? No importa. No quiero.
Es la una de la tarde y llueve. Para cuando me doy cuenta de la hora que es, me percato de que el edificio azul se ha venido abajo.
En homenaje a la narrativa de Manuel Puig, quien mediante su prosa construyó a una Nené enamorada.
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