Perro errante

Escrituras de paso en un mundo inestable


Mar

De cara a la noche,
me enamoro de un mar imaginario
de las tortugas que lo navegan durante siglos
del canto de sus sirenas muertas
de las infinitas lunas que lo alimentan.
Parada frente al azul y el negro
puedo presenciar el cruce de los muertos por el puente de la vida;
Parada frente al azul y el negro
me abrigo con el manto que recubre los anhelos perdidos
y entonces apareces ahí,
               en medio del nacimiento de las olas
chocando contra la mirada de un universo perdido
creando la arena y los horizontes
               las barcas y el destino
                         las alas y las presas,
                                 el tic tac de la marea. 
Interrumpes ya lo intermitente
               el descanso y la demora,
                         la noche y el día,
haciendo fluir las horas 
               que guardan el secreto 
                         de los mares terribles y desconocidos
tu rostro me abraza
llevándome por encima de los días azules
a través de ese azul que revolotea
                por encima del amor 
donde la luz se torna poesía,
                y es despojada de la indiferencia animal
meciendo el nacimiento de la vida
                y haciendo brotar las hojas que ha roto la tarde.
Ahí, el silencio se vacía de todas las promesas
y las notas dulces de tus labios
                tejen la canción con la que voy a recordarte el resto de mi vida,
y tus manos van destruyendo los adagios azules, 
tonalidades destinadas a perecer.
Ahí, eres la distancia entre lo insondable de mis días
                y el puñado de horas que me ha pertenecido desde que vi la luz

apenas un instante que alcanza a rozar el Big Bang eterno

la expansión de la vida en medio del mar y las velas

el huracán de tiempo que lucha contra el eterno guardián de la calma. 


Dejar un comentario