Perro errante

Escrituras de paso en un mundo inestable


Hábitos

El mundo está lleno de manuales, recetas y tips para hacerse de buenos hábitos, algo así como una serie de pasos que un millonario sigue de las cinco de la mañana a las 10 de la noche, porque sí, los millorarios también respetan sus horas de sueño, aparentemente.

Cuando era pequeña, mi madre me obligaba a caminar rápido para llegar a tiempo a cualquier lugar, a cortarme las uñas casi hasta que no quedara nada (era realmenre doloroso), a comer manzanas muy temprano, a sentarme a escuchar música, a sobrevivir con cincuenta centavos en la escuela y a terminar la tarea antes del día siguiente. Eso es todo. No puso mucha atención a tareas más básicas como levantarse temprano, acabarse las verduras, tender la cama, lavarse los dientes, recoger los juguetes, hacer actividad física, ver media hora de televisión y dormirse a tiempo (por fortuna, durante mi niñez los celulares no tenían cabida).

Papá sólo puso énfasis en tres cosas: desayunar siempre, llegar temprano y decir la verdad. Este último aspecto es el que resultó más fácil para mí antes de que entrara al preescolar. Luego de ello, me agenciaba unos centavos de los ahorros para comprarme paletas de hielo en el recreo, lo cual nunca confesé, pero me hacía sentir peor que cualquier político responsable de genocidio. Dicen que los padres enseñan hábitos como la disciplina para trabajar y guiarse en la vida, o algo así; no sé hasta qué punto mi padre me orilló a ello, pero es cierto que no fue precisamente con una serie de instrucciones y tips.

Por un tiempo estuve molesta con ellos por no haberme disciplinado en hábitos tan básicos como los que acabo de mencionar, sobre todo por no haberme obligado a lavarme los dientes y hacer ejercicio. Esa insatisfacción me orilló a poner mayor estructura a mi vida, así a los veinte años comencé a realizar ejercicio y comer verduras. Duré cinco días. Es difícil cuando no tienes una imagen de referencia y las personas con las que convives te miran extraño al tratar de tener hábitos más saludables con tu persona. Pero no me di por vencida y durante los últimos doce años me he ido haciendo de esos hábitos que papá y mamá no me formaron.

Pero hay algo más. Presiento que las pocas costumbres que nos enseñaron a mis hermanos y a mí, han ido más allá de llevar una agenda organizada y una vida fitness; es algo así como ser más fuerte para sobrellevar los golpes de la vida, como si la enseñanza de todo esto fuera haber obtenido la insignia de poder llevar un orden espiritual en nuestra vida y de poder dirigirla. Vamos, qué niño no forjaría su fortaleza si lo obligaran a comer manzanas durante doce años.

Resulta interesante cómo muchas veces los padres intentan formar una serie de hábitos en sus hijos con la finalidad de hacer de ellos personas más independientes, organizadas y, por ende, felices. Pero es que los niños aprendemos con el ejemplo, y tender la cama no nos hará más libres. No quiero decir que este tipo de actividades no sean trascendentales, de hecho creo que debieron estar presentes desde mis primeros años, y no hasta pasada la adolescencia. Quiero decir que si aprendemos a organizar primero nuestro ser, resultará más sencillo hacerlo con todo lo demás.

Sigo a una mujer muy inteligente en Instagram, se llama María Pía Moreno. Tiene un blog de bodas, aunque las historias que sube a su red social son más interesantes para mi realidad inmediata. Me ha enseñado a levantarme a tiempo a través de algo que se llama “el minuto heroico”, es decir, levantarse inmediatamente antes de que transcurra un minuto después de abrir los ojos. Funciona.



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