Perro errante

Escrituras de paso en un mundo inestable


Pedro

Has muerto y no lo sabes.

Dejaste tu juventud
colgada en la pared
y esta incurable necesidad
de estar herido.

Junto a mí,
tu soledad de moribundo
se encarama en mi cuerpo
para terminar de amortajar
nuestros viejos días de gloria.

Ignoras el anonimato
con que transcurren mis horas:
estáticas, quebrantadas,
igual que tu cara endeble
sumergida en esta cama.

No sabes, tampoco
que mis cajones se han llenado
de frascos que aún guardan
tu salud y tu enfermedad.

Yo te nombro y me pierdo, decadente
en la brevedad con que te quise,
mientras surco en los bordes del techo
mi insistencia en recorrerte
lejos ya de todo ahora.

¿Quién eras, Pedro?
En esta historia
tuya y mía
nunca nadie supo nada.
Ahora eres el perro herido
que cruza mis noches.

No un instante, mis años.

Mi amor que no sabrá más
a dónde ir.


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