Perro errante

Escrituras de paso en un mundo inestable


Madriguera

Recuerdo las comidas compartidas 
con mamá

las cortinas levantadas,
una tapia de azules que
surcaban el campo,
una serie de palabras cotidianas que
nunca lograron trascender
el timbre de su voz,
el ángulo de inclinación
que tomaba mi cuerpo
cuando se acercaba,
el aleteo de árbol
que adoptaba su cuerpo
enfermo
cuando sabía que
muchas veces más
—todavía más—
necesitaría de un follaje fiel
que sostuviera la idea
—mi idea—
de estar hecha
de varias estaciones.


Dejar un comentario