Perro errante

Escrituras de paso en un mundo inestable


Paciencia

Estoy segura de que en algún punto de la infancia, las madres nos enseñan el arte de la paciencia, con la vida y con uno mismo; será mientras esperamos el bus una tarde lluviosa, o cuando cierran la papelería y tenemos que aliarnos con el tiempo si queremos que resulte la tarea, o cuando las divisiones simplemente no nos dan. Yo la verdad creo que es una empresa que generalmente resulta inútil, la mayoría de las veces aprendemos esto cuando ya pasaron treinta años y es hora de pasar lista a las cosas que evadimos porque parecían imposibles. Pienso que justamente la paciencia es el arte de la construcción, el arte de reservar un bloque más de tiempo en esa banca para uno, que la justa no sea contra la torpeza de las manos, ni con las horas bajo el sol.

En la media tinta es donde germina la paciencia, hacia los demás y hacia uno mismo, no menos importante la segunda que la primera. Un arroz medio cocido, el pollo aún difícil de desprender, una casa sin pintar, los cables regados por todas partes, listas de reproducción que nunca llegan a la última canción, no mirar los subtítulos completos de las películas, mirar el reloj a cada rato. No sé, son cosas que evidencian esa dificultad para esperar, para reconocerse por fin en el proceso y no en el resultado.

¿Las fotos que viven en nuestra galería son de procesos o de resultados? O son al mismo tiempo de ambos. Somos siempre proceso, desde que nacemos hasta que morimos, tal como lo plantea Fernando del Paso en Palinuro, cuando se cuestiona al protagonista sobre cuándo comienza o termina su vida. La verdad es que comienza y termina a cada instante, es una línea que pasa muchas veces por el mismo punto.

Sabernos parte de un proceso que está siempre a medias nos hace comprender por qué solemos tropezar con piedras similares, y no aborrecer ni la piedra ni la caída, sino observarnos como un fenómeno de la naturaleza capaz aún de sorprenderse por las coincidencias con que se va llenando nuestra biografía.

La mía, por ejemplo, es perecedera, mi instante muchos instantes, la forma en que me desespera este correr en círculos estoy segura de que será la misma forma que tome mi lápida luego de meses de haber sido enterrada.



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