Perro errante

Escrituras de paso en un mundo inestable


El apando de José Revueltas

¿Qué libro has releído más veces?

Creo que he leído más de diez veces esta novela, un gran párrafo encerrado en la cárcel.

El apando se estructura en un extenso «párrafo» que narra los intentos desesperados de varios presos por conseguir droga. El narrador coloca al lector en los vértices de un universo cuya convivencia de personajes (lo mismo de cuerpos que de simples «cosas»), está regida por la presencia acechante y somática del otro. Los apandados, consignados a un espacio-tiempo opresivo, son individuos mezclados estridentemente, cuerpos que padecen una realidad histórica, política, social y cultural que los hace mantenerse así, sin más.

Más aún, en un párrafo convergen una serie de personajes cuyo cuerpo exacerbado de prisiones los convierte en eso mismo, cárceles; espacios cuyos centros y límites están cercados por el peso de su propio cuerpo, del cuerpo del otro, del mundo, del universo. Sin embargo, la aparente escapatoria se encuentra en su propia corporalidad, en el movimiento o el adormecimiento del cuerpo.

De tal manera, José Revueltas retrata la gran miseria de los cuerpos confinados, de los espacios redimensionados por otro cuerpo más grande: la cárcel; ente vivo cuyos brazos y torsos se ven realizados a través del poder que pueden o no ejercer sobre aquello que vigilan. El lector asiste a la puesta en escena no de la cárcel, sino del movimiento que se produce ahí dentro. Son los movimientos, es la convivencia, es la forma que han adoptado los presos para conseguir droga, para sobrevivir, para intentar ser felices o tristes o malvados. La descripción pausada y consecuente de extremidades, de necesidades corporales, de dolor, de asco que se asfixian tras las rejas, dentro de una narración oprimida en un solo párrafo, no puede mostrar sino una forma específica de convivencia o, para decirlo de la mejor manera, de anti-convivencia, el invento conjunto de diversas formas de interacción que permiten conservar la singularidad y el ensimismamiento plantado de forma gradual e histórica, aspecto que a su vez terminará algún día y volverá a germinarse la enfermedad enajenante.

Aquí algunas citas:

por eso lo apodaban El Carajo, ya que valía un reverendo carajo para todo, no servía para un carajo, con su ojo tuerto, la pierna tullida y los temblores con que se arrastraba de aquí para allá, sin dignidad, famoso en toda la Preventiva por la costumbre que tenía de cortarse las venas cada vez que estaba en el apando.


… aquel espacio virgen, adimensional, se convertía en el terreno soberano, inalienable, del ojo derecho, terco, que vigilaba milímetro a milímetro todo cuanto pudiera acontecer en esta parte de la Crujía.

La cabeza sobre la charola de Salomé, fuera del postigo, la cabeza parlante de las ferias, desprendida del tronco  ̶ igual que en las ferias, la cabeza que adivina el porvenir y declama versos, la cabeza del Bautista, sólo que aquí horizontal, recostada sobre la oreja ̶, que no dejaba mirar nada de allá abajo al ojo izquierdo

La tranquilidad que le producía la droga, y cómo le era preciso librar un combate sin escapatoria, minuto a minuto y segundo a segundo, para obtener ese descanso, que era lo único que él amaba en la vida, esa evasión de los tormentos sin nombre a que estaba sometido, y literalmente, cómo debía vender el dolor de su cuerpo, pedazo a pedazo de la piel, a cambio de un lapso indefinido y sin contornos de esa libertad que naufragaba, a cada nuevo suplicio, más feliz.



Dejar un comentario