Perro errante

Escrituras de paso en un mundo inestable


La escuela y el contexto

¿Qué momento te hizo cuestionarte la realidad?

Cada que hablo de educación escolarizada termino con los ánimos caídos. Esta vez ha sido la palabrita tan recurrente del llamado “contexto”. El discurso oficial dice que hoy la escuela forma agentes de transformación social, que esta generación debe hacerse de la mayoría de herramientas posibles para cambiar su contexto, el mismo del que surge el sistema educativo y el mismo que día a día parece aniquilar su autonomía. Hay un pero en ello: no lo conocen, y todo lo que no se conoce, no existe en realidad.

Lo que desde el pizarrón se observa son estudiantes con una trama donde todo se mira borroso: el narrador, los personajes, el tiempo, el espacio y cualquier recurso que le ayude a explicarse por qué y para qué está en el mundo.

Este contexto que se pretende permee todo lo que se enseña y se aprende está mimetizado en su teléfono, en su apatía, en las nuevas formas de ganarse la vida, en la imposibilidad de ser todo y tenerlo todo en todas partes. Y detrás de todo ello, desdibujado, ese bagaje cultural, histórico, espiritual, científico, lingüístico… que les puede brindar la posibilidad de comprender la complejidad de la mente humana, de sus islas, de nuestro proceder frente a palabras como guerra, familia, salud, libertad, amor.

Todo nos es común, al final todo termina siendo humano, y los profesores deberíamos depositar nuestros esfuerzos en crear mentes jóvenes capaces de descubrir, conocer y comprender el lazo que nos conduce a la misma ciudad, al mismo norte. Cuando los estudiantes ya logran diferenciar lo que tienen delante de sus narices, ya pueden ser capaces de distinguir lo que quieren y lo que no, tanto personal como socialmente.

Pero escucho hablar a mis autoridades educativas diciendo que los estudiantes deben comenzar desde ya a cambiar su realidad, no importa si la conocen o no, no importa de qué realidad hablan, darle la vuelta a sus soliloquios, a sus aspiraciones de ser influencers, o narcos o quedarse en la infancia todo lo que puedan.

En fin, el momento en que siempre termino cuestionando mi realidad es cuando cruzo la puerta para entrar al salón, saludar a mis estudiantes y mirar el micromundo tan particular que seguramente se repite en muchas aulas del mundo. Todo puede terminar en una simulación, que los estudiantes solo cumplan con “pretender cambiar su realidad” y los profesores hagamos lo mismo. No encontrar las verdaderas rutas de aprendizaje que contribuyan a descubrimientos propios de la adolescencia y, por ende, del mundo. 



Dejar un comentario