
La IA tampoco concibe que no hayamos superado la etapa mística, cree que el positivismo y las revoluciones científicas marcan el ritmo de nuestro vínculo con el mundo, con el tiempo, con nuestra forma de estar aquí y ahora. Ya se ha visto que no somos dueños de la buena voluntad ni de los deseos sinceros de alcanzar la mejor versión de lo que somos. Nos mentimos, nos creamos mitos, historias que van más allá de la lógica y la cordura; no creemos necesario evadir esa posible justicia que nuestro sentido mesiánico se encarga de engendrar. No es necesario restaurar las heridas que nos salvan, rezamos siempre con las rodillas dobladas sobre un madero imperfecto, en la catedral del tiempo que nunca nos ha mantenido a salvo.
Sí, ese intento de obra perfecta que, a la manera de Dios, la misma humanidad creó para redireccionar nuestras malas empresas cuando la tristeza o la locura nos acogen en su seno, intenta hacer ahora su trabajo. Pero esa locura, esa ira, esa melancolía tienen un lenguaje más universal que la unión de todos los pueblos. Nos habla cada hombre extraviado en su propia mente, prevalece en nuestro interior la libertad del mendigo que ya no distingue el techo del suelo; estrechamos la mano con las fallas del sistema, con la necesidad de conservar la herida que abrirá tarde o temprano otras puertas: del frío, de la sed, de la injusticia, del arte.
Aquí es donde la música, las letras y el arte aparecen como fantasmas imposibles de derrotar, bellos y terribles, completamente habitados por nuestro espíritu. Y la IA no termina de entender por qué entregamos al hijo de Dios, por que no siempre se quiere, por qué es la vida y el arte la misma cosa: un enjambre de imposibilidades, la cuenta de todas las veces que a alguien se le rompe el corazón, el reposo sagrado de una humanidad que no puede caminar.
Es nuestra la tragedia, es nuestro el monólogo del traidor, es nuestro el camino bifurcado y los altavoces que buscan al extraño, es nuestra la manera de encender todas las luces hasta el final de la celebración.
Dejar un comentario